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Reseña en Buk Magazin

Ellen Duthie

Publicado el 3 febrero, 2015, en Buk Magazin  Por María Asuero
Mundo CruelProyecto Wonder Ponder Ellen Duthie & Daniela Martagón

Hace un par de meses nacía Wonder Ponder, un proyecto de filosofía visual para niños. El primer número, «Mundo Cruel», es una cajita negra donde se recogen catorce tarjetas con ilustraciones distintas y donde se reflejan catorce escenas, relacionadas directa o indirectamente con la crueldad (además añade un glosario de conceptos para reflexionar, instrucciones de uso, un mapamundi de la crueldad y tarjetas para que el lector dibuje sus propias escenas de «Mundo Cruel»)

Entre las diversas ilustraciones, encontramos a una niña matando hormigas con un lápiz, un padre que obliga a su hija a bañarse, una familia comiendo sopa de gato o unas señoras que se ríen de un hombre que no sabe que se le han bajado los pantalones. Cada tarjeta viene acompañada de una serie de preguntas: ¿Es cruel obligar a alguien a hacer algo que no quiere hacer? ¿Alguna vez has sentido pena por lo que había en tu plato? ¿Sienten dolor las hormigas? ¿Sienten miedo? ¿Importa?

Tarjeta de Mundo cruel. Wonder Ponder. 

Tarjeta de Mundo cruel. Wonder Ponder. 

El lector/jugador arrojará sus pensamientos, reflexiones y experiencias. Porque lo más interesante y lo más valioso de este proyecto es que no hay respuestas válidas, ni mejores repuestas, ni respuestas correctas o incorrectas. No intenta adoctrinar, ni intentar que el lector se enmarque en una línea de pensamiento. Lo que se pretende es que el lector procese esta información y, sobre todo, que reflexione: ¿cuándo la crueldad queda justificada? ¿Quién traza esa línea? ¿Es la crueldad inherente a la vida?

Ante esta explosión de ideas y ante este grandioso proyecto, lo que verdaderamente me interesaba era descubrir qué respuestas suscitaban en los niños. ¿Sería tan interesante para mis alumnos como me parecía a mí?

Lógicamente, lo primero que hicieron los niños fue relacionar las imágenes con sus experiencias personales, con situaciones análogas a las que las ilustraciones mostraban. Ningún niño se había planteado en ningún momento de su vida que los humanos fuésemos crueles con los animales, pero al ver las imágenes sentían haber presenciado algún momento parecido.

Ilustración de uno de los niños participantes en el proyecto. 

Ilustración de uno de los niños participantes en el proyecto. 

Llamaba la atención cómo distinguían, por ejemplo, entre bichos y animales. No habían pensado anteriormente si matar bichos era cruel y casi todos se habían sentido «crueles» cuando les atacaban. Sin embargo, «matar animales era otra cosa» y justificaban en este caso la crueldad porque nos servían de alimento.

Les pareció chocante la inversión de roles al ver a animales y a humanos expuestos igualmente en un zoológico en un mundo extraterrestre, o ver que las ratas experimentaban con humanos. Llegaron, por ello, a un importante punto de inflexión: ¿por qué la vida humana estaba por encima de la animal? ¿No éramos los humanos los que estábamos destrozando el planeta?

Ilustración de uno de los niños participantes en el proyecto. 

Ilustración de uno de los niños participantes en el proyecto. 

Los humanos eran, sin duda alguna, los más crueles de todos. Entre los humanos, los adultos estaban por encima de los niños, pues casi siempre estaban mandando, castigando y diciendo lo que estaba bien y lo que no. Se pensaban conocedores de todo, ordenando desde una superioridad que ellos consideraban errónea. Se veían muy reflejados cuando el humor rozaba la crueldad y les parecía imposible no reírse ante una caída, o situación ridícula accidental. Aquello «era humano» e inevitable.

En general, la mayoría de los niños estaban de acuerdo en que el ser humano era el único que se divertía siendo cruel. Los animales mataban o atacaban por instinto, pero nunca de manera racional y consciente. Decían que viviríamos en un mundo mejor si usásemos la crueldad por necesidad. «No habría guerras, porque no pelearíamos por dinero ni poder».

No queda duda alguna de que esta prueba piloto demostró que a los niños no solo les gustaba «hacer filosofía», sino que les servía para la vida. En palabras de los niños, esta experiencia les «hacía pensar en cosas que nunca antes se habían planteado». En un sistema educativo (aquí hago una crítica desde dentro) donde la información se retiene, se vomita para rápidamente olvidarla y donde en pocos casos se dan las herramientas para aprender a digerirla, se hacen imprescindibles la inclusión de este tipo de proyectos donde los niños puedan preguntarse (wonder) y reflexión (ponder).

Wonder Ponder anuncian en su web (que invito a visitar www.wonderponderonline.com) nuevos temas como Yo, persona (identidad personal); ¿Será posible? (posible e imposible); De pies y manos (libertad);¡Pellízcame! (realidad, imaginación y sueño); ¿Pero para qué? (felicidad y sentido de la vida).

Los esperaremos impacientes. Larga vida a Wonder Ponder.