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¿Tienen derecho las niñas y los niños a tener una vida privada que no conozcan sus padres?

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¿Tienen derecho las niñas y los niños a tener una vida privada que no conozcan sus padres?

Ellen Duthie

Uno de los personajes de Lo que tú quieras. No ha querido desvelarnos su nombre; insiste en que esa información es privada.  

Uno de los personajes de Lo que tú quieras. No ha querido desvelarnos su nombre; insiste en que esa información es privada.  

Con nuestro último título, Lo que tú quieras, Ellen Duthie y Daniela Martagón invitan a personas pequeñas, medianas y grandes a explorar la libertad y muchos de los conceptos relacionados con la misma: seguridad, límites, normas, capacidad de elección, voluntad, privacidad y más. 

Como todos los títulos de nuestra serie de Filosofía visual para niños, Lo que tú quieras se alimenta de un extenso, rico y atento trabajo en talleres con pequeños y grandes antes y durante el proceso de creación. 

En Wonder Ponder preguntamos, escuchamos, dialogamos, observamos. Trazamos un mapa general de preguntas sobre la cuestión central y vemos qué preguntas interesan más a las niñas y niños de distintas edades, para luego tratar de condensarlas en las escenas que finalmente seleccionamos para incluir en el título.

Debido al modo en el que recogemos las preocupaciones y las preguntas reales de niños y niñas en talleres, los títulos de Wonder Ponder no contienen solo preguntas y situaciones planteadas por personas grandes para personas pequeñas. Contienen también muchas preguntas que van en la otra dirección: preguntas y preocupaciones planteadas por personas pequeñas o medianas y que, presentadas a personas grandes, pueden abrir un interesante diálogo entre generaciones.  

Uno de los temas que aparecen con frecuencia en talleres sobre la libertad con niños (con adolescentes, sí, pero también con niños más pequeños) es el tema de la privacidad. ¿Hay que contar todo a los padres o hay partes de la vida que nos podemos guardar para nosotros mismos? 

Una niña de 9 años se quejaba en uno de los talleres: "Mi madre me pregunta siempre qué he hecho y quiere saberlo todo, todo, todo. Pero yo no le cuento todo porque hay cosas que me quiero guardar para mí." A la pregunta de qué tipo de cosas son esas que se quiere guardar para ella y si son cosas que de alguna forma teme decir a su madre, contestó: "No, no es porque sean cosas malas, es porque son mías. Son mías y no las quiero compartir con nadie". A partir de esta declaración y otras de algunos más del grupo, planteamos un diálogo en torno al derecho a la privacidad. 

Normalmente, cuando los adultos hablamos del derecho a la privacidad de los niños, solemos centrar la atención en la protección del carácter privado de las imágenes en un mundo cada vez más público, por ejemplo, o en el derecho al anonimato de hijos de personas famosas, por poner otro ejemplo. Nos centramos en la privacidad casa afuera, por así decirlo. Pero ¿y casa adentro? ¿Tienen derecho los niños a una vida privada que no conozcan sus padres? Si es así, ¿a partir de qué edad? ¿Tienen derecho a mantener correspondencia privada?  ¿De qué aspectos de sus vidas es aceptable - o deseable - que estemos al tanto? ¿Dónde está la línea entre protección e intromisión? ¿A partir de qué edad tiene un niño derecho a este tipo de privacidad? 

Hay (al menos) dos escenas dentro de Lo que tú quieras que disparan reflexiones y preguntas sobre estas cuestiones. La primera presenta un posible mundo donde se hubiera inventado una máquina lectora de pensamientos. 

Al dorso, algunas de las preguntas que se plantean son: "¿Por qué crees que le están leyendo los pensamientos? ¿Qué pensamientos crees que ha detectado el lector? ¿Qué harías si los demás pudieran leer tus pensamientos? ¿Puedes controlar lo que piensas? Imagina que este lector de pensamientos existiera de verdad. ¿Quién debería poder usarlo, con quién y para qué?"

En la segunda escena (para esta tendréis que recurrir a la imaginación ¡o al bolsillo!) vemos a un niño dentro de un armario con la única compañía de una linda gatita. Se han preparado ahí adentro una estupenda guarida con todo lo preciso para disfrutar de su libertad. Algunas de las preguntas al dorso son: 

¿Crees que es libre el niño de la escena? ¿Sentirse libre es lo mismo que ser libre? ¿Se puede ser más libre a escondidas que a la vista de los demás? Y sí, esa pregunta aparentemente sencilla, pero nada fácil de contestar. ¿Tienen derecho los niños y las niñas a tener una vida privada que no conozcan sus padres? 

Preguntas que, tanto para niños como para adultos, no son fáciles de contestar y que son, precisamente por no ser fáciles, las más interesantes de compartir y las más fascinantes de explorar. Preguntas de niños a otros niños, de adultos a niños, de niños a adultos, todas perfectas para hacer wonder (asombrarse) ponder (reflexionar). 

Así que, lo volvemos a preguntar:  ¿Tienen derecho los niños y las niñas a tener una vida privada que no conozcan sus padres? 

Y tú, ¿qué piensas?    

Ilustración de LO QUE TÚ QUIERAS, de Ellen Duthie y Daniela Martagón. De la serie Wonder Ponder de Filosofía visual para niños.