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Cuando los cómicos son los más serios: Wonder Ponder en La vida moderna

Ellen Duthie

No es habitual que en espacios generalistas dedicados a adultos (en radio, en TV, o como en el caso del que hablaremos en este post, en radio “televisada”) se dedique tiempo a libros, películas o cualquier otra manifestación cultural dedicada a niños.

En nuestra experiencia, cuando hemos salido en espacios generalistas, aunque a veces se parta de buenas intenciones, se suele acabar en alguna versión de “ay, qué ricura, cómo me he reído, qué graciososo son los niños”, directamente irrespetuoso en el peor de los casos, inadvertidamente paternalista en el mejor.

Un ejemplo concreto, sin ir más lejos, fue hace unos años, tras la publicación de nuestro primer título, Mundo cruel, cuando en La Ventana de la SER Sonia Ballesteros hizo un estupendo reportaje sobre una serie de talleres que realizó la autora de Wonder Ponder Ellen Duthie en la librería La Central de Callao. El reportaje, como decimos, fue estupendo, pero desafortunadamente, en el sentido en el que nos interesa aquí, tanto antes como después del reportaje, se cayó 100% en el “ay, qué ricura, cómo me he reído, qué graciosos son los niños”. (El extracto no incluye todas las llamadas posteriores de los oyentes contando lo graciosísimos/repelentes/monos que son sus hijos/nietos/sobrinos pero sí ese arranque donde se anuncia qué vendrá después del reportaje, con ese tono, bienintencionado, que no decimos que no, pero ¡ay! qué oportunidad perdida para tomarse en serio (que no es lo opuesto a tomarse “en divertido”) a los niños y a algunas cosas que se hacen para y con niños.

Por eso, cuando recibimos la llamada del productor de LA VIDA MODERNA solicitando una entrevista con Ellen Duthie, Ellen dudó por un momento. Si en otros casos había sido difícil que se nos tomara en serio a nosotras y a nuestro trabajo y a los niños como interlocutores válidos e interesantes, ¿qué podíamos esperar de un programa como La Vida Moderna? Ellen dijo que sí, pero antes de la llamada confesó a sus compañeras que hacía tiempo que no había estado tan nerviosa antes de una entrevista. El principal motivo era que no tenía NI IDEA de qué es lo que se podía esperar. Respiró hondo, se tranquilizó, pensó en alguna que otra posible respuesta para salir airosa (no demasiado seria, pero tampoco demasiado graciosa) por si se iban a cachondear del proyecto entero en el aire y aceptó la llamada. Y luego ocurrió esto:

El primer minuto sirvió para que Ellen respirara de alivio. Se había imaginado muchas cosas, pero lo que pasó, desde luego que no. Ignatius no habló de las cajas de Filosofía visual para niños solo como algo para niños, algo que por fin, decía, no trata a los niños como idiotas. Habló de ellas también desde su lectura adulta. Eligió preguntas que le hacían gracia a él, no porque pensaba que sería gracioso hacérselas a los niños. Se relacionó con la caja como un adulto divertido e interesado por lo que le ofrecía lo que venía en el interior, como posible destinatario mediador, sí, pero también como posible destinatario final.

Y resultó genuinamente contagioso. ¿Él no pudo aguantarse y se compró las cuatro? Pues a nosotras nos inundaron a pedidos de cuatro en cuatro (cosa que nos ocurre a veces, pero no es lo más habitual).

pedidos+la+vida+moderna.jpg

En agradecimiento, las autoras de Wonder Ponder adaptaron una de las escenas de Yo, persona:

Escena adaptada a La Vida Moderna

Escena original de  Yo, persona

Escena original de Yo, persona

Una de las preguntas que planteamos fue una de las grandes preguntas sobre el humor y la comedia: ¿un chiste bueno puede ser criminal?

Y de esta entrada en el blog nos despedimos con otra:

¿La vida moderna es que los cómicos sean los encargados de aportar seriedad?

Como es habitual en nosotras, no ofrecemos respuestas.